10.06.2006

“Nosotros también queremos amnistía”


Tres de los personajes más inolvidables de la historia del crimen argentino se reunieron en el penal de Sierra Chica para dar una inpensable conferencia de prensa. Carlos Robledo Puch, Ricardo Barreda y Arquímedes Puccio convocaron a canales de televisión, radios y medios gráficos de la Capital para manifestar, por primera vez en sus años de reclusión, que consideran completamente injusto que se perdonen crímenes a ex represores y a ellos no.

El primero en abrir la charla fue “El Chacal”, asesino de 11 personas y violador de más de media docena, que declaró que “es injusto pensar que una muerte puede perdonarse y otra no: si piden amnistía para (el ex comisario Miguel) Etchecolatz, ¿por qué yo no puedo subirme al mismo tren?”

El asesino serial, condenado a reclusión perpetua desde que fue atrapado, cedió la palabra al odontólogo platense Ricardo Barreda. “Yo no entiendo por qué se podría perdonar los crímenes a personas que cometían genocidio de manera sistemática y por motivos ideológicos, y a mí, por ejemplo, no se me puede perdonar que un día, cansado de que me digan conchita, haya dicho basta con dos escopetazos sobre cada miembro de mi familia. El tribunal creyó la verdad: que fue emoción violenta. Y aún así...”


Después de una breve pausa, en la que se mostró emocionado, el odontólogo siguió: “yo todavía puedo brindar un servicio a la sociedad, como odontólogo aunque sea. Los chicos de la hinchada del Lobo me escriben cartas, me visitan, me traen cigarrillos... ¡Hasta los chicos de Attaque 77 me escribieron una canción en la que entienden lo que yo pasé! Yo no soy un mal tipo, simplemente me llevaron al límite. En cambio, gente como el Tigre Acosta, como Astiz... te hacían un tratamiento de conducto en el culo con una picana!”


Finalmente, la palabra le fue cedida a Arquímedes Puccio, jefe de un clan que secuestraba a sus amigos y vecinos y luego de que sus familiares pagaran rescate, los reventaba a sangre fría. “La gente está enojada con viejos como yo porque violamos la prisión domiciliaria, pero sepan algo: Massera, Bussi, Videla; ellos también violan la prisión domiciliaria. Videla iba a misa en la iglesia vecina del instituto geográfico militar, en la avenida Cabildo. ¡Dejémosnos de joder!”.


Completamente indignado, Puccio continuó: “Qué quieren que les diga: yo ya no puedo hacer un mal a nadie. He aprendido que el negocio del secuestro te mete en quilombos. Si hoy tuviera un mango, me pondría a vender mallas de natación por internet. En mi época – que justamente era con los milicos en el poder, mirá qué casualidad – si querías hacer guita tenías que estar en la pesada."


Mientras reflexionaba, Puccio dijo: "¿Quieren saber por qué caí yo? Porque laburaba como civil: cuántos secuestraban y desvalijaban como yo en docenas de centros clandestinos en todo el país, y sin embargo van a ser perdonados o peor: son canas comunes que vigilan las esquinas de todo el país y jamás fueron juzgados. ¡O vamos todos en cana, o no va ninguno! ¡Nosotros cometimos crímenes, ellos también! ¡Los meten adentro, o nos sacan afuera!” fue el grito último de Puccio, que se desestabilizó un poco, mientras el odontólogo y “El Chacal” Robledo Puch lo miraban orgullosos.

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