10.18.2006

Ayer nomás

Anoche, mientras debía descansar, tuve sueño que preferiría nunca haber tenido. Un sueño malo, un sueño de esos que mejor perder que encontrar.
Arrancó muy extraño, con un amigo conduciendo un gran colectivo y dentro del colectivo viajaba mi familia. Estábamos en un lugar extraño - quizás alguna parte de la Buenos Aires paralela que llevo soñando por años - y llegamos a un edificio viejo y en ruinas. En él, practicamos una ceremonia frente a un libro, como si se jurara la constitución, aunque sospecho de alguna forma que bien podría ser una biblia. El libro era una reliquia, reposaba en una mesa especial de donde no se lo debía mover.

Después volvimos al colectivo y viajamos hasta un puente donde nos sorprendió un tumulto de gente. Eran periodistas, apretándose unos a otros, golpeandose con las cámaras como cuando se pelean por un espacio. Frente al puente colmado de prensa estaba el mar infinito. Ya era de noche. Y de repente se escuchó un brutal estruendo y una explosión colmó el horizonte. Una columna de humo se elevó en el cielo y cuando parecía que iba a salir de este planeta se retorció, se dio vuelta como una media y se volvió un hongo inconfundible. Alguien había tirado una bomba atómica y nadie tenía aliento para decir nada.

Apenas atiné a correr y a hacer correr a los míos. Cuando desperté seguía corriendo, sin nadie al lado mío.

No hay comentarios.: