
Ayer sentí un capricho, y lo hice. Compré esa máquina de escribir que tanto me gusta, con las que escribíamos en la facultad cuando la sala de computadoras estaba saturada o muy lejos. Una Olivetti Lexikon 80, igualita (según un viejo dinosaurio de redacción) a la que usaron Rodolfo y Haroldo.
Oferté en Mercado Libre por una que en la foto parecía bastante entera. ¿El precio? Treinta (30) pesitos, nada más. La encontré en un bar, el Bar de Paco, un antro poolero metido al fondo de una casona de Avenida Nazca y Álvarez Jonte, en alguna parte entre Floresta y Villa Santa Rita.
El único detalle es que está trabada, pero está completa, bien pintadita, y sólo un poco abandonada. Ayer la estuve limpiando, y la mugre que salió fue más de la esperada. Estoy pensando en bautizarla, pero sólo cuando logre funcionar, no antes. Cuando vuelva a la vida le voy a dar un nombre, y ella me va a dar las mejores letras que estas manos puedan escribir.


1 comentario:
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